sábado, 24 de diciembre de 2011

Tú a Londres y yo a La Rambla...

Y quien dice Londres o La Rambla, dice Granada, Málaga, Pozoblanco, Córdoba, Palma del Río, y otras ciudades del mundo que no recuerdo su nombre... Todas tienen mucho en común.

Estaba yo en el servicio del conocido "Góngora Gran Café", miro "mi móvil de útima generación" y veo : "3:40". No podía ser, habíamos estado cenando, habíamos pasado por diferentes bares, diferentes bebidas, llevabamos allí un buen rato... ¡Y sólo eran las 3:40 h! Mi mente: "¿Qué hacemos hasta las 10:30?". Bajo las escaleras (tarea no sencilla en esos momentos) y, !otro cubata, que es muy temprano!

Y tan temprano... Nuestro autobús de vuelta no saldría hasta las 10:30 de la mañana, llevábamos en Córdoba toda la noche y el cuerpo, que también ha vivido en 2011 una revolución que no tiene nada que envidiar a la Primavera Árabe ( de hecho la ha vivido de forma simultánea y en el mismo lugar), se revelaba contra la mente y ya no le dejaba hacer lo que ella quería, lo que hacía hace unos años. "Ya no estoy pa' estos trotes."

Llega el día siguiente, y el siguiente, y pasan los días, una semana. El cuerpo ya no te recuerda la paliza de ese sábado noche. La mente te recuerda los buenos momentos de ese sábado noche. "Pues no se hizo tan largo. No se hizo largo en absoluto." Y es que, a pesar del cansancio físico, la compañía era digna de todas esas horas, y más. Porque cuando el rato se pasa con personas que aprecias, que te interesan, que llevas tiempo sin ver y que tienen muchas cosas interesantes que contarte, que te enseñan y les enseñas, que te escuchan y se lo pasan bien contigo y viceversa; el tiempo no pasa, el tiempo se aprovecha.

Todas esas ciudades están una al lado de la otra, o son incluso la misma ciudad, siempre que haya gente en alguna de ellas que se acuerde de gente que vive en la otra, y siempre que haya días en los que todos se reunan para contarse.



4 comentarios:

  1. Uno de los placeres de mi vida es verte, es veros. Te lo aseguro. Esto se está poniendo "pastelfacto" (pasteloso-putrefacto), pero es lo que toca.

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  2. Totalmente pastelfacto, pero me apeteció escribirlo. Disfrutemos de los placeres de la vida pues.

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